Versión Estenográfica del discurso del presidente de la Mesa Directiva, senador Roberto Gil Zuarth, en la mesa de trabajo legislativa sobre violencia política.

Muy buenos días tengan todos ustedes. Sean bienvenidas y bienvenidos al Senado de la República.

Para mí es un gusto poder participar, escuchar las distintas posiciones de los representantes de las instituciones que toman parte de este nuevo esfuerzo por la igualdad de género.

Sobre todo, celebrar las iniciativas que han sido presentadas por ustedes, tanto en la Cámara de Diputados como en la Cámara de Senadores, pero sobre todo este nuevo impulso que fija una meta temporal hacia el próximo periodo de sesiones ordinarias para discutir este tema, para dictaminarlo y para encontrarle una solución.

La política se trata de eso, de abrir conversaciones, visibilizar problemas y construir soluciones de política pública. Y eso es lo que hacemos desde la política.

Hace poco más de 20 años, 20 años hemos abierto la conversación sobre las condiciones de participación de las mujeres en la vida social, en la vida productiva, en la vida económica, en la vida política.

Y en ese tránsito, sin lugar a dudas se han construido avances, se han construido instituciones.

Hoy contamos con un conjunto de leyes, con políticas públicas, con programas, con fondos, con un importante cuerpo doctrinal, jurisprudencial en algunas de nuestras instituciones que reconocen no solamente la vigencia de los derechos sino también les dan aplicación concreta.

Quiero aprovechar para felicitar el esfuerzo que ha hecho la Sala Superior en el reconocimiento de los derechos, no solamente en términos de condiciones de acceso de las mujeres a la política sino también el esfuerzo que recientemente ha hecho el presidente de la Sala Superior para la defensoría de los derechos indígenas, donde se da una doble condición de discriminación, no solamente por ser

mujer sino por formar parte de un grupo vulnerable, que son justamente los pueblos indígenas.

Ahí hay un doble desafío de obstáculos, de techos para la adecuada participación, y es donde se genera quizá las mayores y más crudas de las discriminaciones.

También en esta conversación de los últimos 20 años, hemos empezado a visibilizar los estereotipos, el sexismo, los obstáculos, los techos que todavía prevalecen en nuestra realidad y que afectan la vida de las mujeres.

Y, sin lugar a dudas, como ya lo dijeron varias de ustedes, la violencia política se asoma como la gran amenaza del avance paritario en nuestro país.

La regla constitucional de paridad tiene en la violencia política su mayor amenaza. Es la forma de burlarla, es la forma de acosarla y es la forma de hacerla inaplicable.

A través del acoso a las mujeres se puede pervertir o se intenta pervertir la conquista histórica institucional de las mujeres porque tengan las mismas condiciones de participación en la política.

Yo quisiera completar lo demás, a lo que han dicho varios de ustedes, que no debemos ver únicamente la violencia política en el momento electoral, en la propia competencia.

Creo que tenemos muchos casos en los cuales la violencia política se da ya en el ejercicio del cargo público.

Hay una resolución de enorme trascendencia en la Sala Superior sobre una magistrada de un tribunal electoral que ha sido acusada en el ejercicio de su responsabilidad y que también nos visibilizó ese caso, que no hay mecanismos de salida, mecanismos de solución.

La Mesa Directiva está estudiando la instrucción que nos ha dado la Sala Superior de encontrarle un cause procedimental para efectos de un mecanismo disciplinario para quienes son responsables de ese acoso.

Las mujeres de una magistrada electa por el Senado de la República que, en ejercicio de su cargo, está siendo sujeto de un claro acoso

de orden político que está impidiendo el ejercicio de un derecho constitucional, los derechos de participación política, pero sobre todo el ejercicio de un cargo público.

Porque la violencia política es precisamente eso, la vulneración de la dignidad de las mujeres en su participación a los asuntos públicos y en el ejercicio de sus derechos políticos.

Subrayo la idea de la vulneración de su dignidad, porque de eso se trata también en buena medida las soluciones, los remedios a la agresión de los derechos.

La igualdad de género no es otra cosa que el respeto a los derechos fundamentales de las mujeres. No es una concesión graciosa, sino simplemente es aplicar lo que nuestras instituciones, nuestras normas, los tratados y nuestra propia Constitución le otorgan como una posición individual de las mujeres frente al ordenamiento jurídico y frente a las instituciones políticas.

Por supuesto que viene ahora un desafío técnico. Ya lo decía bien el Magistrado Presidente de la Sala Superior.

Construir un tipo penal es quizá una de las definiciones técnicas más complejas, porque a final de cuentas se tiene que escribir una conducta a la cual se va a oponer el mayor reproche que tiene el Estado mexicano frente a ciertas conductas; el reproche más extremo.

Y en la medida en que quede clarificada la conducta, y sobre todo los bienes jurídicamente tutelados, precisamente la política criminal será más exitosa.

Un mal tipo penal, puede generar muchos más problemas de los que intenta resolver.

En este país nos hemos acostumbrado a utilizar el derecho penal para todo y en algún momento también hemos vaciado de contenido los objetivos, los fines de la política criminal. El desafío técnico que tiene esta mesa, las dos Cámaras, nuestras comisiones dictaminadoras, es construir un muy buen tipo penal para que en efecto, a partir del reproche extremo que significa la respuesta del Estado; podamos generar un efecto disuasivo de conductas que lastiman la dignidad de las mujeres.

En la medida en la que sea un buen tipo penal aplicable, será un buen mecanismo disuasivo de este tipo de conductas. Si el tipo penal no queda bien construido, no se van a alcanzar los objetivos de disuasión y eventualmente de justicia restaurativa, para lo que está llamada justamente la política criminal.

Y, sobre todo, pensar que la política criminal o la definición de un tipo penal, es únicamente una parte del camino que hay que recorrer. El gran objetivo es construir instituciones resilientes, es decir, que nos permitan sacar a una víctima de una conducta tipificada como delito, de la situación que generó la comisión del delito, de restablecer nuestra convivencia y restablecer a la víctima del delito, en este caso las mujeres violentadas desde el punto de vista político; a la situación de goce y disfrute de sus derechos, como si el delito no hubiese ocurrido, instituciones resilientes que pacifiquen nuestra convivencia, pero sobre todo que restauren nuestra convivencia.

Hace unos días –y con esto concluyo– el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, publicó un artículo sobre el feminismo y decía que quienes tenemos hijas, tenemos buenas razones, poderosas razones para ser feministas, porque no es otra cosa que querer pretender el trato de amor, de solidaridad, de respeto, de oportunidades al libre desarrollo de personalidad para todas las mujeres, que queremos para nuestras propias hijas.

Yo agregaría que la actitud o la predisposición hacia ser feminista, de los hombres, también viene a los que tengan madre, en todo el sentido de la expresión; porque no es otra cosa –insisto– que pretender a través de la operación de las instituciones, de nuestras políticas públicas, de nuestras reglas de comportamiento, respetar el conjunto de derechos que no se les regaló a las mujeres, sino que derivan de su propia condición humana.

Y en ese sentido, yo los y las animo a que continúen en esta tarea. Que asumamos un compromiso pleno por la igualdad, porque en la medida en la que una sociedad sea más igual, será más libre; y la igualdad de las mujeres no es otra cosa que el reconocimiento de su libertad, el reconocimiento de su dignidad y la garantía de su propia autonomía para definir y alcanzar su propio plan de vida.

Yo dejo instalada esta mesa y si me lo permite la senadora Diva Hadamira Gastélum Bajo, a la cual reconozco todo el esfuerzo, la

tenacidad y aprovecho también para que el Subsecretario Solís Acero sea portavoz de nuestros saludos al Secretario de Gobernación, reconociendo su presencia, el apoyo, el compromiso que tiene con la causa de las mujeres y con esta política pública en específico.

Proponerles que se deje instalada esta mesa, en un formato de trabajo en Comisiones Unidas, pero también en conferencia con la Cámara de Diputados, para que logremos un buen equilibrio técnico; porque la condición de posibilidad política y el éxito de la conversación que han abierto ustedes en torno a la violencia política, va a depender de encontrar una buena solución técnica a un problema que tiene remedio; a un dolor que es evitable y a una situación que toda la sociedad mexicana debe rechazar con contundencia, hombres y mujeres, generaciones presentes y generaciones futuras.

Por su atención muchísimas gracias y de nueva cuenta, bienvenidas y bienvenidos todos.